Mientras crece la presión internacional por reforzar los controles sobre activos digitales, Irán vuelve al centro del debate tras revelarse que su banco central movilizó más de 507 millones de dólares utilizando la stablecoin USDT. Las operaciones, reveladas en un informe reciente, exponen fallas críticas en la aplicación de sanciones financieras al ecosistema cripto.
Las sanciones contra Irán han limitado por años su acceso a la banca global, lo que ha llevado al país a explorar caminos alternativos. Las criptomonedas, y en particular las stablecoins, se han convertido en una vía estratégica para sortear restricciones sin depender del sistema financiero tradicional. Esta vez, las transferencias no se habrían realizado por actores privados, sino directamente desde la autoridad monetaria del país.
Moneda digital y regulación: tensión creciente
Aunque Irán ya había avanzado con su propio cripto rial como moneda digital de banco central (CBDC), este nuevo episodio pone el foco en cómo se combinan los activos estatales y descentralizados en un entorno de sanciones. Las transacciones en USDT muestran que incluso los marcos regulatorios más restrictivos pueden ser vulnerables cuando las tecnologías blockchain permiten movimientos transfronterizos sin fricción.
Además, la operación reabre el debate sobre la responsabilidad de emisores como Tether y el rol de las plataformas que facilitan este tipo de transferencias. A medida que más países sancionados recurren a estos instrumentos, la presión sobre los reguladores para cerrar brechas legales será cada vez mayor.
Los 507 millones en USDT se movieron a través de wallets vinculadas indirectamente al banco central iraní durante las últimas semanas de octubre y la primera mitad de noviembre. Las direcciones asociadas muestran un patrón de actividad que podría coincidir con pagos de importaciones clave.
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