Hoy en día, la incorporación de profesionales jóvenes a proyectos estratégicos, programas de mentoría y posiciones con mayor autonomía se está convirtiendo en una herramienta para desarrollar el talento que las organizaciones necesitarán. La idea no consiste en sustituir la experiencia por juventud, sino en crear espacios donde ambas puedan complementarse.
“Invertir en jóvenes a través de herramientas de liderazgo puede convertirse en una estrategia de continuidad empresarial”, comenta Daniel Esquenazi Beraha, empresario mexicano. Las organizaciones que identifican capacidades desde etapas tempranas tienen la posibilidad de preparar con tiempo a quienes eventualmente deberán tomar decisiones complejas, explica el especialista.
Esta perspectiva se está haciendo cada vez más vigente en México, donde las nuevas generaciones ingresan a un mercado laboral que exige habilidades distintas a las generaciones que se incorporan. Algunas de estas capacidades son adaptabilidad, manejo de tecnología, comunicación, pensamiento estratégico y capacidad para trabajar en entornos cambiantes.
La experiencia también se construye tomando decisiones
Es importante mencionar que una de las dificultades para formar líderes jóvenes es la paradoja de la experiencia: para adquirirla es necesario asumir responsabilidades, pero muchas organizaciones se niegan a otorgarlas a profesionales que todavía están construyendo su trayectoria.
Los programas de mentoría pueden ayudar a resolver parte de este desafío, observa Daniel Esquenazi Beraha. Un profesional joven puede participar en proyectos relevantes mientras recibe acompañamiento de personas con mayor experiencia, creando una combinación entre aprendizaje y responsabilidad. “Además de guiar al joven profesional, esto fortalece las habilidades de enseñanza del profesional con mayor experiencia. Y al mismo tiempo, puede crear una importante relación entre ambos” comenta el empresario.
Daniel Esquenazi Beraha puede analizar esta relación como una oportunidad para conectar distintas generaciones dentro de una misma organización. Los colaboradores con mayor trayectoria aportan conocimiento acumulado, mientras que los profesionales jóvenes pueden incorporar nuevas perspectivas, herramientas y formas de abordar determinados problemas.
Construir una cantera de liderazgo para el largo plazo
Es importante agregar que formar líderes desde temprano también puede ayudar a las empresas a reducir la dependencia de contrataciones externas para ocupar posiciones estratégicas. Cuando una organización identifica y desarrolla talento internamente, puede construir una reserva de profesionales familiarizados con su cultura, procesos y objetivos.
Esto no significa que todos los jóvenes con potencial deban convertirse inmediatamente en directivos. “El desarrollo puede comenzar con responsabilidades específicas: coordinar un proyecto, dirigir una iniciativa, participar en la toma de decisiones o representar al equipo frente a otras áreas” observa Daniel Esquenazi Beraha.
Vale la pena agregar que este proceso puede entenderse como una inversión de largo plazo. Los resultados no necesariamente aparecen de inmediato, pero la organización adquiere una mayor capacidad para responder ante los cambios generacionales y empresariales.
En un entorno empresarial marcado por la transformación tecnológica, la competencia por talento y los cambios en las expectativas laborales, preparar a los líderes del futuro deja de ser una tarea que puede posponerse. Como plantea Daniel Esquenazi Beraha, las organizaciones que comienzan a desarrollar ese talento desde ahora estarán mejor preparadas para enfrentar los desafíos que todavía no han llegado.
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