El mercado de criptomonedas continúa atrayendo atención global, pero una parte clave del dinero sigue sin llegar. En diciembre, el capital institucional mantiene una postura de cautela frente a los activos digitales, no por falta de interés, sino por la dificultad para medir un tipo de riesgo que aún no tiene precio ni estándares claros dentro del ecosistema cripto.
A diferencia de otros mercados financieros, las criptomonedas carecen de métricas homogéneas para evaluar pérdidas potenciales, exposición a fallas técnicas o riesgos operativos. Esta ausencia complica la toma de decisiones para fondos de inversión, aseguradoras y gestores de pensiones, actores que operan bajo marcos estrictos de control y previsibilidad.
Las cifras refuerzan esta percepción. Durante el último año, el sector cripto acumuló miles de millones de dólares en pérdidas derivadas de hackeos, fraudes y quiebras de proyectos. Estos eventos no solo impactaron precios, también evidenciaron una brecha estructural entre la innovación tecnológica y los criterios de riesgo que exige la finanza tradicional.
El riesgo cripto institucional y la brecha con la banca tradicional
Un informe reciente de Sygnum Bank reveló que una parte significativa de las instituciones evita exponerse a criptomonedas por desconfianza en los mecanismos de protección y por la falta de claridad regulatoria. Además, el riesgo de contraparte se mantiene como la principal preocupación al evaluar plataformas y protocolos digitales.
Este escenario explica decisiones concretas de grandes empresas tecnológicas. PayPal, por ejemplo, optó por trabajar con Paxos, una entidad regulada, en lugar de integrarse directamente con protocolos descentralizados. La elección privilegia certidumbre operativa sobre innovación pura.
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La distancia entre Web3 y la banca tradicional no se reduce solo a regulación. También influye la falta de seguros amplios y la ausencia de modelos comparables a los que existen en mercados de bonos, acciones o derivados. Sin ese lenguaje común, el capital institucional prefiere esperar.
El dato que cierra el panorama es contundente. La cobertura de seguros disponible para activos cripto apenas cubre una fracción del valor total en circulación, un nivel insuficiente para los estándares que manejan los grandes inversionistas.









