Una etiqueta de “carbono neutro” ya no basta. En Argentina, como en otros mercados cripto emergentes, los proyectos basados en blockchain que prometen reducir la huella de carbono enfrentan una nueva ola de escepticismo. Aunque la trazabilidad es uno de los atributos clave de esta tecnología, su aplicación en créditos de carbono ha encendido un debate necesario: ¿se está usando para soluciones reales o para lavar imagen corporativa?
Desde 2023, varias plataformas han lanzado tokens vinculados a bonos de carbono, como Toucan Protocol o KlimaDAO. La idea es ambiciosa: usar blockchain para registrar cada transacción ambiental y así evitar duplicidades, fraudes o falta de auditoría. En principio, la tecnología sí puede ofrecer ese nivel de transparencia.
Créditos de carbono tokenizados: promesa y polémica
Sin embargo, casos como el del mercado voluntario de carbono digitalizado por Verra muestran que no todo lo que brilla es verde. En 2025, Carbon Market Watch publicó un informe que advierte cómo algunos proyectos exageran sus métricas climáticas o tokenizan créditos ya caducos. Esto alimenta el greenwashing digital en lugar de combatirlo.
La comunidad cripto, especialmente en América Latina, ha demostrado ser crítica y colaborativa. Foros como Gitcoin o ReFi Latinoamérica promueven un enfoque más ético. Además, blockchains como Celo están impulsando mecanismos de compensación nativa que integran métricas ambientales verificables on-chain.
Un estudio de Allied Market Research publicado en diciembre de 2025 estimó que el mercado global de créditos de carbono en blockchain superará los USD 1.200 millones en 2028. Sin reglas, ese crecimiento podría alimentar más dudas que soluciones.








